SALUD MENTAL
SALUD MENTAL
“Yo tengo que comprenderlo todo”, me dijo, y me quedé pensando. Trataba de encontrar algún signo claro, unívoco, una señal, que me definiera que es “Salud Mental”. Algo que se viera reflejado en las fotos, algo más allá de lo físico.
El prejuicio me hacía sentir compasión, quería empatizar con los “pacientes” y con los coordinadores. No me salía. No es fácil estar ahí. Lo que hacen estos pibes es valorable. Poner el cuerpo en estas instituciones no es una decisión cómoda. Le pregunté a Diego (que dirige el taller de música), cómo entiende él a la Salud Mental, y me dijo “es una meta, el bienestar de ellos, todo lo que hacemos es para llegar a eso”.
Una vez, un amigo mío fue internado. Se había brotado. Se fué de caravana un jueves y volvió un martes. La mujer le reclamó, el chabón se chifló y la golpeó. Cayó la policía y salió corriendo por los techos amenazando con cortarse el cuello con un cuchillo. Terminó en el Neuro. Lo fui a visitar. Cuando me vio entrar bajó la mirada, y casi al mismo tiempo me miró para decirme, antes de saludarme, lo siguiente: “es la primera vez que tengo tiempo y espacio para pensar solamente en mí. Este es mí tiempo y este es mi lugar, esto es mío. Ya tendré oportunidad de reponer las cosas”.
Buscaba un signo
dije. Mirando y oyendo mientras fotografiaba sentí que la causa de todos los
males es el amor. Su falta o su exceso mejor dicho. El amor no correspondido,
no comprendido. El amor mal llevado. El amor no explicado. El amor perdido. El amor equivocado.
“Yo tengo que comprenderlo todo”, me dijo, y me dí cuenta que esa meta se corre todo el tiempo. La línea de llegada (o partida), no está bien marcada. La frontera es demasiado delgada. Casi no nos separa.
















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